Una lesión cerebral grave suele afectar no solo a la persona que la sufre. La mayoría de las personas tienen familiares, como un cónyuge, hijos o padres, cuyas vidas también cambian. Ellos no padecen los síntomas de una TBI, pero ahora deben vivir con un ser querido que podría tener una discapacidad permanente.
Y lo que es más importante, en muchos casos un ser querido se convierte en el principal cuidador de la víctima. Dependiendo de la ayuda que reciba el cuidador por parte de familiares, amigos y profesionales, es posible que tenga que renunciar a su carrera profesional para poder dedicarse a ello. Además, el cuidado de una persona dependiente puede resultar emocionalmente difícil, físicamente agotador y provocar aislamiento social.
La historia de una mujer de fuera de Pensilvania sirve de ejemplo. En abril de 2014, su hijo sufrió traumatismo cerebral grave en un accidente de motocross. Hoy en día, está volviendo a aprender a caminar y a hablar, y recuperando la fuerza física, con la ayuda de fisioterapeutas a domicilio.
Su madre dejó su negocio para dedicarse a tiempo completo a atender sus necesidades. Ella le prepara la comida y le ayuda a controlar sus emociones, que se vieron afectadas por el accidente. Para financiar una rehabilitación más avanzada y otras necesidades, la familia creó una organización benéfica que patrocina un concierto benéfico en el que participará el cantautor Jackson Browne. La organización también ofrecerá apoyo y formación a otros cuidadores de víctimas de traumatismos craneoencefálicos.
La madre describió el último año como “un camino largo y difícil”, y admite que todavía está descubriendo día a día cómo ayudar a su hijo. Es probable que muchas familias compartan esta sensación de confusión y duda. Una forma de ayudar a una persona con discapacidad a causa de una lesión cerebral es mediante un proceso judicial contra la parte que causó la lesión, si es que hubo alguna.

